Una nota sobre el plan conectar igualdad
A partir de la entrega de computadoras a los alumnos y profesores, el plan conectar igualdad se propone, a grandes rasgos, dos objetivos: reducir la brecha digital entre diferentes estratos sociales, y la innovación pedagógica.
Con respecto a la reducción de la brecha digital, el plan estaría logrando lo propuesto. Su principal éxito consistiría en la incidencia social directa del acceso de miles de estudiantes a su primera computadora, lo que a su vez, habilita la potencialidad de las TICs en el aprendizaje.
Con respecto a la innovación pedagógica y el costado educativo del plan, dice Maximiliano Duquelsky, investigador de la UBA que estudia la relación entre comunicación y educación:
"Si tuviera que definir el programa Conectar Igualdad (CI) con una fórmula, diría que tiene mucho más de política social y cultural, que de política educativa. [...] Cuando uno ingresa al portal del programa puede comprobar inmediatamente que el discurso está claramente sostenido sobre las cifras de netbooks entregadas, como si fueran cantidades de calles asfaltadas o casas con cloacas. Esto genera, en el corto plazo, un enorme impacto positivo para el Gobierno y el Estado en el plano simbólico como consecuencia del imaginario tecnológico que atraviesa nuestra era y hace que veamos la modernización como positiva en sí misma, dificultando reflexionar sobre cuestiones efectivamente educativas."
"Todas estas acciones de parte de un gobierno pueden ser comprensibles y hasta esperables. Pero como estamos analizando este programa en tanto política educativa, podemos señalar que o no es una política educativa, o es una con muchas deficiencias. Una política educativa debería haber comenzado, por ejemplo, por entregarle las netbooks a los docentes, diseñado un plan de capacitación en servicio que los preparara para utilizar estas herramientas de manera correcta y cuando lo consideraran necesario.
En cambio, empezaron por los alumnos -o a lo sumo por ambos al mismo tiempo-, quienes seguramente continuaron utilizándolas como lo venían haciendo o como veían que las usaban los que sí tenían computadora, reforzando usos socialmente consagrados; y luego las llevaron a la escuela, con esos usos reforzados, cuando todavía el docente no sabía bien qué hacer con ellas."
"En cuanto a las mejoras, la gran cantidad de información disponible y la facilidad para acceder a ella es algo innegable. Igual que las posibilidades que permiten la digitalización de la producción cultural de los estudiantes. Que eso se traduzca en mejoras en el aprendizaje es algo muy distinto. O que todos los contenidos deban ser enseñados utilizando las nuevas tecnologías."
Por otro lado, al entregar una computadora que favorece el uso de un sistema operativo privativo (Windows)*, crea dependencia tecnológica a favor de una empresa reconocida por sus prácticas monopólicas. Si como dice Silvina Gvirtz:
“La educación es el conjunto de fenómenos a través de los cuales una determinada sociedad produce y distribuye saberes, de los que se apropian sus miembros, y que permiten la producción y la reproducción de esa sociedad.”
Entonces en este caso (teniendo en cuenta que para muchos de los alumnos es su primer contacto con una computadora, por lo cual no tendrían por qué creer que existe un único sistema operativo) se está desaprovechando la oportunidad de abrir las opciones y de evitar la reproducción social de esa dependencia tecnológica.
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* Las computadoras incluyen una distribución de GNU/Linux con arranque dual. Pero por defecto arrancan en Windows y las herramientas para docentes no están disponibles en GNU/Linux.
Fuentes:
- http://www.marcha.org.ar/1/index.php/nacionales/90-educacion/1719-conectar-igualdad-es-mucho-mas-social-y-cultural-que-educativo
- http://www.marcha.org.ar/1/index.php/nacionales/90-educacion/285-dos-anos-de-netbooks
- Gvirtz, S. y otras; ¿De qué hablamos cuando hablamos de educación?. En La educación de
ayer, hoy y mañana. El ABC de la pedagogía. Aique. Buenos Aires, 2007. - Rocca, G.; Liberación o dependencia. En Revista El Cable No781. Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales. Buenos Aires, 2011